Hoy tenemos asociaciones, organizaciones, iglesias, nombres, pero antes no se tenía nada de eso, sólo se tenían hombresy mujeres de Dios, a quienes El había llamado, se les había aparecido, les había dado órdenes y las seguían, ¿me explico? Tenemos necesidad de una reforma en la Iglesia del Señor en toda Ibero América. En todo el mundo.
Juan dudó, y Jesús le dijo: “Ve y diles que crean lo que ven”. Y más adelante dice: aun aquellos profetas hubieran querido ver lo que ustedes miran. Lo que ustedes oyen. Pero la pregunta es: ¿Qué es lo que oían? Parábolas. Les hablaba de la parábola del sembrador: “Y el sembrador salió a sembrar y la semilla es la Palabra de Dios, y parte de la semilla cayó en el camino, otra entre pedregales, otra entre espinos y la otra en buena tierra…” ¿Eso querían escuchar los profetas? Sí, ¿y qué más? “Y el reino de los cielos es como un tesoro que estaba escondido y un hombre lo halló y vendió todo lo que tenía por comprar la tierra donde estaba el tesoro”.
Jesús les dice: “Si ustedes supieran que los profetas hubieran querido escuchar esas parábolas tan sencillas”. Pero la iglesia menosprecia lo sencillo, menosprecia la comida que Dios tiene en pro de profundidades que no son sólo un montón de cosas complejas que nadie entiende. Jesús lo dijo cuando vinieron los 70: “Señor, aun los demonios se nos sujetan”. Jesús se regocijó y les dijo: “no se regocijen en que los demonios se sujeten, sino en que su nombre está escrito en el libro de los cielos”.
Dice la Biblia que en aquellamisma hora, Jesús se regocijó en el Espíritu. Esa palabra “regocijar”, significa “remolinear”. Dio vueltas, dio un grito de júbilo, se nos descompuso el Señor, le dio la “chiripiorca espiritual”, dijo: “Yo te alabo Padre, porque estas cosas las escondiste de los sabios y entendidos y las revelaste a los niños. Si lo que predicamos no lo entiende un niño, no es el evangelio de Jesucristo. La esencia del reino de Dios, sus misterios se descubren sólo por corazones rectos y corazones que tienen fe como un niño, que le creen a Dios. Tú tienes que creer como un niño para creerle algunas cosas a Dios, como que eres sano hoy, pero dices: “Pero si ya vi exámenes, doctores, laboratorios”, ya se te llenó de complejidad la mente. No logras creer como un niño; pero dile a un niño que va a ser sano y él cree que lo será. Dile a un adulto que será sano, y cómo le cuesta creerlo.
Entre más compleja se vuelve nuestra mente, entre más complejo volvemos el evangelio de Jesús, más difícil es caminar por fe, pero cuando crees en la sencillez de Jesús, todo cambia. Jesús era sumamente sencillo, empezaba enseñando de flores del campo, de peces; enseñaba de una manera tan sencilla que no había una persona que no entendiera. Los que no entendían eran los sabios y entendidos. “Este carpintero ¿de qué estará hablando? ”La unción es sencilla, ¿por qué lo vuelves complejo? ¿Por qué vuelves complejo lo que Jesús hizo sencillo? ¿Sabes por qué tu matrimonio está metido en problemas? Porque lo llenaste de complejidad. Vive una vida sencilla en Cristo. El te enseñó a vivir de una forma sencilla, no complicada. Los resultados han sido maravillosos, preciosos.
El mundo se está perdiendo entre tanta complejidad. Si pudiéramos ser como niños para creerle las cosas que habla. Sólo un niño se podía sentar a escuchar a Jesús hablar de levadura que leuda la masa, de un mercader que encontró una perla preciosa, ¿no parecen cuentos? ¿No parece eso? Pero los sabios y entendidos jamás hubieran buscado en las parábolas. Allí, él esconde lo secreto, porque no están hechas para sabios y entendidos, sino para niños de corazón, para gente que le crea con un corazón sencillo, que dice: ¡Señor, yo creo tu Palabra!
Cuando fui a Almolonga, la ciudad se agolpó por completo, y vino ami mente la escritura que dice que cuando Jesús iba a las ciudades, todos salían a ver lo que El hacía. Yo me sentí tan privilegiado, tan lleno de misericordia de Dios, de poner mis pies y ver con mis propios ojos lo que antes sólo había leído. Igual hubo un avivamiento en aquel entonces y hay un avivamiento ahora. Tú dices: “yo no lo veo”, pero es porque tú no estás en avivamiento, pero los que estamos en avivamiento, lo vemos.
Pero ¿vas a dudar como Juan el Bautista, el profeta? Te daré un consejo: A veces tengo bajones, pero no tomo decisiones en ese momento, ni oro, ni hablo; me conozco, es como cuando pusieron en prisión a Juan. Cuando tú estás de bajón, es cuando empiezas a dudar: ¿será que es la voluntad de Dios estar en grupos? ¿Será que debo de estar en la Academia? Siento de Dios que me tengo que cambiar de iglesia. Estás dentro de la prisión.
Pero Juan nunca pensó así cuando estaba fuera de la prisión, empezó a pensar así cuando estuvo en la prisión, fue cuando empezó a dudar. Cuando tú estés entre situaciones que te hacen sentir mal, no decidas, cuida tu alma, sé sabio, aún Juan el gran profeta, el más grande de todos, se estaba equivocando; no decidas, mantente allí, ten calma, ten fe, porque Jesús está aquí. Di: “Yo estoy listo para recibir mi milagro de parte del Todopoderoso, mi Señor Jesucristo, y perdóname, Señor, cuando he dudado, pero ahora abro mi corazón a tu Palabra, a tus parábolas, a tu reino y a tu poder. ¡Amén!”